miércoles, 5 de julio de 2017

Veo veo



Un día cualquiera...pongamos hoy

Te levantas de la cama con la misma dificultad de siempre, eso sí, en silencio para no despertar a tu pulguilla de veinte años que duerme a placer en su habitación, hoy no se debe canturrear.

Legañas, desayuno, ropas...lentillas.

Casi siglos utilizando esos pequeños milagros, introduciéndolas en mis pobres ojillos a veces con la sensación de echarlas a la sartén con el aceite muy caliente. Benditas lentillas.

Las coloco, continuo con mis tareas y al rato caigo en la cuenta, no veo.

Juraría habermelas puesto. Empiezo a guiñar los ojos mientras hago la cama, veo,  no veo, no, no veo.

Busco el estuche de mis ojitos portátiles en los lugares habituales y lo encuentro con las lentillas dentro. Niña, estás  fatal, chocha perdida.

Me siento, las coloco y como siempre cuando voy a salir de casa, guardo el estuche vacío en mi bolso..... hay otro!!!!!!

Lamento comunicar que llegados a ese punto me ha dado la risa. Te has puesto las lentillas de tu hijo y las tuyas, Natalita...vuelve a sentarte.

Yo es que quiero mucho a mi hijo, era su primer día de lentillas, su estuche es igual que el mío, salvo por el detalle del color, el mío blanco el suyo azul...está  claro que a las siete de la mañana no distingo tonterías.

De un ojo me han salido separadas, primero la mía  y después la de Manuel. Del otro, cual siamesas las dos juntitas... que romántico es todo.

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