Mi madre murió cuando mi hijo tenía dos añitos. Yo me enfadé con el mundo, no entendía por qué ella se tenía que ir con la falta que nos hacía y sus ganas de vivir.
Meses después un día me paré a preguntarme que pasaba con mi hijo... De ser un pequeñajo encantador, pasé a tener un diablillo que me desquiciaba y todos los días me lo tenía que llevar del parque castigado. Descargué mi frustración con lo que más quería y también lo más débil y me recuerdo diciendole enfadadísima que era un gamberro. Cuando ese día me paré a analizar, descubrí que lo que el niño hacía era responder a mi modo de tratarlo... Si me llamas gamberro, será por algo, será que lo soy.
Por suerte pude reaccionar y nunca más se lo he llamado, nunca lo ha sido...
Catorce años después hemos aplicado lo aprendido y hoy se han recogido los frutos. El año ha sido muy duro en el instituto, este verano más y ésta última semana... Esta noche ninguno de los dos hemos dormido, bueno, algo sí, yo lo suficiente como para soñar dos veces que aprobaba esos exámenes y otra que no, además de haberme visto a mi misma haciendo esos exámenes en mi colegio.
Hicimos frente común, decidimos demostrar que podía sacar el curso adelante por sí solo, sin presiones externas ni castigos, sólo dejandole aprender a estudiar, crecer... y ahí está. Adoro a este barbas.
Gentes con hijos pequeños, demostradles que confiais en ellos y de paso aprended.
Esta imagen no la robé yo, pero es mágica. Se la hizo Felipe hace once años y transmite exactamente su espíritu, quién es Manuel...
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