miércoles, 9 de octubre de 2013

Arroz



Una cosa está clara, el sábado pasado hubo boda en el monasterio de Armenteira.



Ya no había gente elegante, ni nervios, ni cura, ni fotógrafo. Estas imágenes nunca se guardan en los recuerdos de los novios, ni de los invitados.



Llegamos y nos encontramos a estos abuelos barriendo arroz y los pétalos que no habían volado. Ya tenían la alfombra recogida y el arroz volvió a volar pero al capacho. Hablaban entre ellos, reían, estaban contentos. Son parte de una maquinaria, la parte invisible, pero tan importante como cualquiera de las otras.

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