Llamativo el parecido físico entre las mujeres de tu pueblo y tu. Hoy he paseado por Bueu. Mofletes rechonchos y colorados, ojos claros, caras llenitas de profundas arrugas y manos trabajadoras.
Te conocí siendo yo una cría, pensaba que no, pero sin duda lo era. Nunca entendí tu modo de vida y desde esa juventud en la que creía que las cosas eran blancas o negras te juzgué.
Dos hijos por criar, tu marido muere y decides, o me atrevo más bien a pensar que deciden, que uno de esos niños abandone su hogar para tener una vida mejor con sus tíos y así ser todo más fácil para ti y para ellos...
Que fácil es pensar yo nunca lo haría. Lo hiciste, tu hermano sin hijos supongo que empujó y el miedo hizo el resto.
Sé que no fuiste feliz, sé que la lejanía física de ese hijo te comía. Los celos, la pena, supongo que la culpa también, aunque sabías que así todos teníais las necesidades básicas cubiertas.
Hoy en día sé que no puedo juzgar, no sé si fue buena o mala decisión, solo sé que los tres sufristeis por ello y eso te devuelve a mi memoria suavizada supongo que gracias a mi madurez.
No sabías reclamar cariño, lo hacías por medio de la pena, es doloroso recordar lo pequeñita que te debías sentir.
Menos mal que todas las penas se te escapaban el día de la fiesta cuando hacías de comer para tanta gente ese mega cocido que a todos enamoraba y regaban con tu vino... ese tinta femia que nunca probé y mi padre mezclaba con agua ante tu espanto. Recuerdo sus explicaciones sobre la cantidad de líquido ingerido... y tu cara de ofensa con posterior aclaración sobre la imposibilidad de que ese caldo se subiese a la cabeza... Era tu día.

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