
-Este verano quiero ir a pescar contigo.
-¿En bote?
-Sí, en bote contigo.
Yo no me puedo enamorar de él, pero es, sin que él lo sepa, una de las proposiciones más bonitas que me han hecho.
Llevo toda la tarde intentando saber cómo montármelo porque sé que lo vamos a hacer, simplemente busco el modo de evitar salir en la prensa...
Sin duda me vienen a la mente momentos mágicos...
Aquellas carcajadas incontroladas con mi hermana detrás del muelle viendo a parte de mi familia girar cual peonza en mitad de la ría por ser incapaces de coordinar los remos.
Aquel día que de imprevisto se levantó un viento fortisimo y sólo mi cuñado y yo perfectamente acompasados fuimos capaces de llegar a la orilla después de haberlo intentado con el otro caballerete que se encontraba a bordo, que aunque tenía más fuerza que yo, de coordinación... más bien poca.
Y claro, los fantasmas del ridículo conmigo de protagonista... Aquel día que con bastante mar de fondo y tras unas horitas duras en la ría, mi padre no pudo atracar en el muelle y en pleno agosto y con la playa abarrotada de gente me acercó a la orilla para que yo bajase con la patela y él irse a pelear con las olas... En fín, aún me sonrojo al recordar que saltar salté, pero la tremenda ola que vino después hizo que el bote (Baldo para la familia) me atropellase tirándonos de morros contra la arena a mi y al fruto de nuestro sudor.. Es curiosa la necesidad que me entró en esos momentos de convertirme en pulga de playa y esconderme entre los granos de arena... Por suerte mi cerebro que a veces es hasta majo chico, ha borrado los instantes posteriores, cosa que agradezco infinitamente.
Este verano nos vamos a reír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario