domingo, 6 de septiembre de 2026

Semáforos

 

No recuerdo mi primer semáforo,  supongo que alguno tendríamos en Trintxerpe en mi niñez, por aquel entonces.

 Si aparco el  formato peatón  y me subo al autobús hay un comienzo clarísimo, el del Alto de Miracruz, tal vez sea el primero, si, me gusta ese recuerdo volviendo de Donosti.

Se nota que soy mayor, recuerdo muy claro lo que se veía. En el bus me gustaba sentarme viendo el lado izquierdo de la carretera y como soy renacuaja, poner los pies sobre las ruedas era un extra. Las villas, el hospital, La Asunción, Arzak, y allí parada, los restos de la Fábrica de contadores, donde mucho después supe que mi madre había trabajado, poco tiempo, supongo.

 Si, escojo este como mi primer semáforo a pesar de que me ronda en la memoria la posibilidad de que fuese un simple cruce sin lucecitas... Es cierto que soy mayor.

Hace unos días salí del trabajo con prisa, tenía poco tiempo y un recado que hacer y no dudé que debía ir caminando. En Vigo hay muchos semáforos y me tocó esperar al amable verde de uno de ellos. 

Ahora que me ha dado por ver motociclismo me vi cual subida en una moto GP esperando, en la acera,  la señal para salir disparada y eso hice. A mi lado había un señor, mayor que yo. Por supuesto que arranqué con potencia, los reflejos a tope y de pronto me entraron ganas de escribir. 

Solo bastó darme cuenta de que el señor salía con los mismos reflejos que yo pero sin prisa, caminando con calma y haciendo recto el paso de peatones, no como yo, que fui haciendo curva para ganar un par de  metros escapando del cebreado para llegar antes a mi objetivo. Sobra decir que en ese momento sentí envidia, tal vez él también.

De ahí a acordarme de las veces que he cruzado simplemente intentando evitar morir en el intento, de las que lo he hecho educando a mi hijo, de las que he mirado de reojo mientras penetraba en las profundidades de mi móvil, también cuentan como particulares las veces que he llegado cargada de bolsas y agradeciendo ese descanso. No muy alto recordaré también las que me he saltado alguno distraida y con bronca desde algún coche

Ya si pasamos al formato conductora,  ahí pasé a odiarlos. Vigo, cuestas, semáforos, L y coche de gasolina... quién da más?

Acabo de caer en la cuenta de los más grandes semáforos... Nunca me han controlado el caminar,  no entiendo sus señales y he leído libros sobre ellos. Me han invitado a acercarme a verlos llena de admiración y claro, en ese caso no dudamos, el primero fue de Plata. 

Son entonces los semáforos algo importante en mi vida, en nuestras vidas? Forman parte de nuestro día a día y cada edad, cada momento los caminamos de modos distintos.

Sea como fuere, los semáforos podrían contar muchas cosas, tal vez fuese divertido sentarse con una silla de playa junto a uno para hacer un estudio sobre los "tiempos" de los individuos que los cruzamos.

Ahora mismo voy a darles las gracias, no sé a quien o qué tengo que dirigirme. Me han robado estas ganas de soltar esta gansada y eso me gusta.

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