
Odio los polvorones!!!
Dios, me encantannnn!!!
Siento por ellos casi la misma pasión que por la sandía... a ella sólo la amo, sin dolor, me lo regala todo y a mi sólo me queda disfrutarla y sonreír.
Con estos cabritos la cosa cambia... los quiero igual que a ella, pero me ensucian el estómago, me dan ardor, me engordan la barrigota.
Es la vida a veces no? Quíén no ha tenido un polvorón joío que te ha tenido escarbando en el interior y robando lágrimas, pero del que no conseguías soltarte? Culpa suya? nooo.
Hace años me cogía varios, los hacía polvo en un cuenco y me los comía a cucharadas... aún no sabía de sus consecuencias para con mi salud, los disfrutaba y punto... nada me hacía verle el lado oscuro, no sabía que lo tenían...
Ahora ya sé que los como simplemente los meses que no hay sandía, sin duda si tengo que elegir el rojo refrescante gana por goleada. Además y esto es un secreto, estoy aprendiendo a distinguir las sandías buenas sin necesidad de abrirlas...
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