domingo, 20 de enero de 2019

Nuestras cartas



                                                                    

                                                                                     Loira 20- Enero - 2019

Hola Eligio.

Ha pasado la Navidad. Esos días en los que siempre quiero esconderme de tanta celebración, de tanto felicitación, luces, compras, comida y más comida.

Hace días me reñí a mi misma por no haberte mandado ni un triste "feliz año".

Esta estúpida rebeldía mía de querer a mi gente cualquier otro día, sin fechas obligadas, sin seguir el mandato del calendario. Sumado todo esto a mis terremotos  actuales,  preferí esconderme y creer que cualquier otro día me ibas  a llamar para venir hasta Loira y hacerme una de esas visitas contrarreloj porque "Sara es muy puntual con la comida" o porque "Sara necesita el coche". También estaba pendiente subir un día a comer con vosotros, en vuestra casa.

Cuando te conocí éramos prácticamente  unos niños los dos. Yo me casé con tu hermano y tu me hacías pasar muy malos ratos con el "cambio" y "corto" de tus llamadas desde altamar y muchas risas cuando venías a dormir a casa porque no estabas para aturar a "Mama Laura"riñéndote por llegar tan tarde.
Me decías que te encantaban mis cartas, que eran muy divertidas y me gustaba meterlas en el buzón.

Un doloroso vacío de casi veinte años nos mantuvo lejos y hace poco reapareciste en mi vida como los buenos amigos, como si ese vacío no hubiese existido, yo más arrugada tu sin tus rizos.

Torpe como una mula, bueno como el mejor pan, con una vida dura y con un amor, tu hija Sara.

Quiero que estes tranquilo, Sara estará bien. Sus tías son unas leonas que la arropan sin fisuras, Manolo también está ahí y a mi, no sé por qué demonios me llama tía, también me va a tener vigilando.

Tu ahora descansa y disfruta de mama Laura, de tu diminuta abueliña y de tu padre, supongo que tendréis muchas conversaciones pendientes. Ahh, vete algún día a pescar con el Pedreiro y le cuentas aquella vez que tuvimos que remar duro tu y yo (éramos los únicos hombres a bordo) porque se levantó mucho viento y nos tiraba contra Bueu. Lo bien que nos acompasamos con los remos, porque el otro marinero era incapaz de llevar el ritmo.

Voy a echar de menos esos "te quiero, cuñadiña", esas miradas duras, esas manos que me recordaban a las de mi padre y esos morros que le dejaste en herencia a mi hijo.

Voy a buscar un buzón.





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